16 may. 2017

Bujías de Pasión

Capítulo 9

            Valeria llegó diez minutos antes de lo previsto al majestuoso edificio de oficinas desde el cual el señor Andrews gestionaba su imperio empresarial. Ella sabía perfectamente la importancia que daba a la puntualidad y por ello se aseguró de no tener ningún imprevisto. Esperaba impaciente desde hacía meses aquella llamada de su futuro suegro, y por fin se produjo. A primera hora de la tarde, a las cuatro en punto, antes de que la agenda se le complicase. A Valeria no le importó retrasar su calendario personal.
            Se había vestido de forma informal, pero luciendo grandes marcas de moda, sabía lo mucho que al señor Andrews le gustaba el estilo desenfadado pero de calidad, y de eso ella entendía, y mucho. Saludó al portero al entrar y después le indicó al chico del ascensor que iba a la última planta, a lo cual el muchacho asintió con una sonrisa y entró al ascensor tras ella.
            La oficina del señor Andrews estaba en el ático, era lo único que había en lo más alto del edificio. Cuando se acabó el recibidor llamó sutilmente a la puerta y entró sin esperar una respuesta. El padre de Robert estaba al teléfono, pero le hizo un gesto para que pasase. Valeria llegó a la mesa en el instante que él colgó la llamada y se acercó a ofrecerle gentilmente el sillón para que tomara asiento.
            —Buenas tardes, Valeria—miró lleno de orgullo a su futura nuera. Aquella mujer le gustaba para su hijo—. Me alegra que hayas podido venir, espero que no te haya causado muchas molestias.
            —Molestias ninguna, es un placer y lo sabe.
            —¡Por favor! No me llames de usted, Valeria, ¡por Dios!—respondió de forma amable—. Me haces sentir más viejo de lo que me gustaría.
            —Vale, de acuerdo—sonrió Valeria—. De viejo nada, está usted muy bien, señor Andrews…
            —Llámame por mi nombre de pila, por favor. A ti te lo permito.
            —Así lo haré—volvió a regalarle una amplia sonrisa.
            El señor Andrews se sentó junto a Valeria, en otro de los sillones que había frente a su escritorio y se quedó mirándola de forma atenta por unos segundos.
            —Tenía ganas de hablar contigo, Valeria.
            —Pues aquí me tienes, y lo cierto es que siento curiosidad…
            —Imagino que sabes la gran estima que te tenemos mi esposa y yo, ¿verdad?
            —Bueno, espero que sea como mínimo la misma que os tengo yo a vosotros—Valeria le mostró su mejor sonrisa, esa que rebosaba ternura por todas partes.
            —Valeria… No andaré con rodeos. Me preocupa Robert.
            —¿Cómo?—preguntó haciéndose la sorprendida—. ¿Por qué le preocupa su hijo?
            —Lo sabes perfectamente. Tiene la cabeza llena de pájaros, de locuras, ideas descabelladas y quién sabe qué más, y de lo que ya va siendo hora es de que la siente de una vez.
            —Ya me habías preocupado, caray—contestó tras un suspiro tranquilizador—. No hay que preocuparse por eso, Robert no es tonto, y al final hará lo correcto.
            —Yo no soy tan optimista como tú, Valeria—su rostro reflejaba inquietud—. Por más que lo he intentado no he conseguido averiguar qué es ese gran proyecto de vida que se trae entre manos, y me pregunto si tú sabes algo…
            —Siento decepcionarte, pero es un secreto hasta para mí, lo guarda celosamente, lo único que me ha dicho es que será maravilloso y me sentiré muy orgullosa de él.
            —¿Entonces no tienes ni idea?
            —Nada de nada, y eso que estoy tan intrigada como tú, la verdad—contestó—. ¿Es eso lo que me pide? ¿Qué averigüe de qué se trata?
            —En realidad no. Te queráis proponer algo, pero en el fondo relacionado también con eso.
            —Soy toda oídos…
            —Quiero que dejes tu empleo y vengas a trabajar para mí.
            —¿Perdón?—volvió a hacerse la sorprendida?—. ¿Me está ofreciendo trabajo?
            —Así es, sé que eres una magnífica abogada, y quiero que entres a trabajar en mi bufete de abogados. Así estarás más cerca de Robert y podrás convencerlo más fácilmente para que se vaya haciendo cargo de una vez de esta empresa.
            —No sé qué decirle…—balbuceó y murmuró.
            —Di que sí y punto.
            —De acuerdo, la respuesta es sí—dijo sonriente Valeria—. Será un verdadero orgullo trabajar para usted.
            —El orgullo es mío, algún día compartirás todo esto con mi hijo, y sé que estará en buenas manos si tú estás a su lado.
            —Va a conseguir que me emocione…
*   *   *
            Valeria iba en el taxi, contemplando los escaparates por donde pasaba mientras su pensamiento estaba en la conversación que acaba de tener con su futuro suegro. Estuvo tentada de llamar a su madre para decirle que todo iba según lo planeado, pero prefirió dejarlo para después, antes le apetecía hacer una visita que su cuerpo le pedía a gritos. El taxi se detuvo a la salida de uno de los barrios de las afueras. Pagó al taxista y se bajó frente a una casa de color rojo.
            Tocó el timbre y esperó unos segundos. Un hombre alto y con el torso al descubierto abrió, la miró y se apartó un poco para dejarla pasar. Después cerró la puerta.

           
           


           



1 may. 2017