10 abr. 2017

Bujias de Pasión

Capítulo 7

            —¡Joder!—gritó Robert cuando abrió los ojos, giró la cabeza hacia la mesita de noche y vio la hora que marcaba el luminoso del reloj. Se incorporó a toda prisa y se vistió con lo primero que pilló.



            —Buenos días, señorito Robert—el mayordomo lo saludó al cruzarse con él en el pasillo—. ¿Va a desayunar el señor?
            —Alfred... Te he dicho mil veces que no me llames ni señor ni señorito, solo Robert, así, sin más, Robert a secas—le respondió deteniéndose frente al viejo mayordomo y hablando de forma pausada y tranquila—. Y buenos días, y la hora que es ya, no desayunaré, me esperaré al almuerzo, gracias.
            —Como desee el señor. Ejem, disculpe.
            Robert pasó por la cocina, saludó a la buena de la señora Cloti, le robó un par de panecillos del cesto de la mesa, y salió por la puerta que daba al jardín. Se dirigió directamente a su querido cobertizo. Sus objetivos para la mañana habían cambiado, en aquel momento se conformaba con aprovechar el poco más de tres horas de las que disponía antes de almorzar.
            Sabía que lo tenía casi todo ultimado, que lo único que necesitaba era el arrojo necesario para comenzar, el paso definitivo para que su empresa de publicidad echase a andar. Eso, y enfrentarse a su padre en la batalla definitiva.
            Pasó el resto de la mañana repasando los números y los papeleos necesarios para comenzar su vida en solitario, y repitiéndose a sí mismo que no tuviera miedo a lanzarse al vacío. Cuando sonó su teléfono para reclamar su presencia en el almuerzo, su estómago semivacío tiró de él hacia la mansión.
*   *   *
            Robert rehusó el café en familia, se disculpó excusándose con que tenía demasiadas cosas que hacer, pero se calló y no dijo que su intención era tomarlo fuera, en la pequeña pero coqueta cafetería que acababan de abrir un par de semanas atrás. Cada vez que pasaba frente a la puerta, se decía a sí mismo que en cuanto tuviera un hueco iría, y decidió que ese hueco acababa de crearlo desde la nada.
*   *   *
            No esperaba Robert que el día se fuese torciendo de aquella manera. El incidente de la cafetería acabó sacándole de sus casillas, tanto que desde hacía mucho tiempo no sentía aquella sensación de rabia e ira casi incontenible. Cuando estuvo en la calle se acercó al primer banco que vio y se sentó para cerrar los ojos y respirar hondo. Necesitó unos minutos para tranquilizarse y recuperar el control de sí mismo.
            Optó por alejarse de allí, y pensó que sería un buen momento para acercarse al taller y preguntar por su moto. Fue con su coche, con la idea de que si estaba reparada, volvería al día siguiente a por ella.
            Frenó en seco un par de calles antes del taller. Se quedó pensativo, dudaba si sería buena idea aparecer con aquel coche y confirmar a aquella mujer que en realidad no era lo que pretendía aparentar; aunque estaba convencido de que no consiguió engañarla el primer día. Tras un rato, se puso en marcha de nuevo hacia el taller. Eso sí, aparcó unos cuantos coches antes de la entrada.
*   *   *
            Caminó decidido hacia la entrada al taller, se asomó con cautela y al no ver a nadie, oteó todo con cuidado hasta dar con la mecánica. Se encontraba con la mitad del cuerpo bajo un coche y la otra mitad del fuera. Las piernas las tenía cruzadas una sobre otra y a Robert le resultaron familiares aquellas botas.
            —No sabía que también reparases coches...—dijo Robert acercándose a donde se encontraba a chica—. Buenas tardes.
            —Y no suelo hacerlo, pero es de un buen amigo y no puede permitirse ir a un taller de postín... así que...—contestó a la vez que seguía con su tarea—. No se me da mal arreglar cosas...
            —Vaya, una mujer muy versátil, por lo que veo—Robert intentaba encontrar similitudes entre aquellas piernas y las que vio en la moto el día anterior, pero aquel mono azul no se lo permitía—. Vengo para ver cómo está mi Betty. Soy Robert, el dueño de la vespa.
            —Te he reconocido—contestó Laura mientras se deslizaba para salir por completo y quedarse mirando a Robert—. Por cierto, bonito buga, ¿eh?
            —¿Qué?—Robert estaba algo desconcertado—. ¿Cómo sabes que he venido en coche?
            —Porque te he visto, guapo...—la chica se incorporó y se acercó a él.
            —Pero... ¿cómo? Si estabas ahí abajo... No puedes haberme visto llegar...
            —¿Seguro?—Laura giró la cabeza hacia la puerta del taller, invitando con los ojos a que Robert hiciera lo mismo.
            —¿Eh?—en un primer momento estuvo dubitativo, pero en cuanto vio el espejo curvo que colgaba junto a la puerta, lo comprendió todo—. Vale, ahora entiendo… Muy lista.
            —¿Siempre das a entender las cosas?—preguntó curiosa al detenerse junto a él.
            —¿Cómo dices? ¿Acaso te parezco presuntuoso?
            —En realidad no sé lo que me pareces, no termino de catalogarte…
            —¿Catalogarme? ¿Acaso soy una motocicleta más?—Robert comenzó a sentirse algo insultado por aquella mujer—. No creo que me conozcas con solo verme un par de veces.
            —Lo dicho… me descolocas…—Laura llevó la mano a su barbilla y se quedó en silencio unos segundos—. ¿Qué te ha pasado hoy para que vengas como gato panzarriba?
            —¿Qué?—Robert estaba desconcertado, no sabía si aquella mujer estaba jugando con él o únicamente pretendía sacarlo de quicio—. ¿Por qué tiene que haberme pasado algo?
            —Se te nota…
            —No, no se me nota nada—contestó tajante y rozando los malos modales—. Y ya que te veo tan interesada… sí, sí me ha pasado algo hoy, concretamente antes de venir aquí, en una cafetería.
            —Lo sabía…—Laura sonrió, se fue hacia un cajón lleno de herramientas y se puso a buscar algo—. ¿Te han puesto el té demasiado caliente?
            —Ja, ja, ja. Muy graciosa—Robert ya no quería seguir con aquel juego—. Por cierto, como dije antes, venía para ver cómo va la reparación de mi moto.
            —Va genial, en cuanto mañana a primera hora me llegue una pieza que he pedido, estará como nuevecita…—giró la cabeza hacia él y le guiñó un ojo—. Tú ya me entiendes, por lo de nuevecita, digo…
            —Perfecto, entonces vendré mañana por la tarde para estar seguro. Gracias por todo—Robert estaba al borde de la indignación con aquella mujer, por eso decidió dar media vuelta y dirigirse hacia el exterior del taller.
            —¡Ey, motero!—le gritó Laura mirándolo fijamente y con una llave inglesa de gran tamaño en la mano. Él se detuvo y se giró—. Te invito a unas cervezas esta noche, ¿te parece bien?
            —¿Que me invitas a qué?—el rostro de Robert era todo sorpresa.
            —Uy, perdón… pero es que no sé si en el local que digo ponen martinis y chorradas de esas… pero buena cerveza te aseguro que sí…
            —¿Va en serio o te estás burlando de mí?—contestó con los brazos abiertos sin entender nada de lo que estaba pasando allí.
            —¿Aceptas o no? Es lo único que tienes que decidir, no es tan difícil, ¿no?
            —¡Vale!—dijo Robert casi más por instinto que por haber reflexionado una respuesta.
            —A las nueve en el Ginger, el último local de las dársenas del puerto. No te pierdas ni llegues tarde, ¿eh?
            —Descuida, allí nos vemos—Robert salió del taller y se fue hacia su coche caminando despacio, intentando asimilar la extraña escena que acaba de vivir. No entendía la razón por la que se había llevado arrastrar al juego de aquella mujer, pero no pensaba achantarse y por supuesto que iría a aquella especie de cita…
*   *   *


3 comentarios:

  1. Muy interesante además de original. Ella tomando la iniciativa con audacia, cierto descaro, y sobradamente segura de sí misma. Él sorprendido y descolocado. El narrador dejando a ella el protagonismo de la acción sin más explicaciones, y a él la introspección y las reflexiones en off. Un giro completo a lo que suelen ser los roles en las novelas de romance. Genial.

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  2. ohhhhhhhhhh, me gusta el carácter de ella, chica directa y clara, eso necesita él pq la novia q tiene ufffffffffffff, que horror, y qué pasó en la cafeteria? no vería a la novia tonteando con alguien??????? ummmmm

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