Los príncipes azules no existen ¿O sí?


Capítulo 2 



Lo que parece un nuevo comienzo

Por fin, con la maleta en mi coche, enciendo un cigarro, me siento orgullosa, he conseguido romper la barrera para empezar una nueva vida, ¿y ahora qué? ¡Ay! No puede ser, me invade la angustia, quiero coger el teléfono y llamarle, que baje a buscarme, ¿Por qué no lo ha hecho? ¿Por qué le ha dado igual que me vaya? Alison por favor no, no puedes rebajarte, ¡arranca! ¡vamos! ¡hazlo! Ya te ha demostrado todo. No seas estúpida. Y ahí estaba casi veinte minutos después, con un silencioso llanto interior y una dura pelea mente corazón, saliendo con el coche rumbo a casa de mis padres.

¡Qué vergüenza! Otra vez a casa de mis padres. ¿No pasa nada? Todos nos podemos ver en esa situación. Aunque he de seros sincera, y a pesar de querer parecer fuerte, por dentro voy rezando para que suene el teléfono, cosa que no hace.

Cuándo ya estoy en la puerta de casa de mis padres, tengo que intentar volver a tranquilizarme. ¿Por qué? Pues sencillamente la cosa no ha acabado aquí, ahora tocará escuchar el: Te lo dije, te lo advertí, no nos hiciste caso, quien te va a querer más que tu familia. Y efectivamente no me equivoco.

─¿Qué haces aquí? ¿Y esa maleta? ─Este es el gran saludo de mi madre según entro por la puerta. ─ Habéis salido mal ¿Verdad? Lo sabía, cuantas veces te he dicho que ese chico no te conviene…pero tú nada, cabezona.

─¡Mamá! ¡Para ya! No tengo ganas de escuchar tus sermones. ─Le recrimino levantando el tono de voz. ─Me voy a mi habitación.

Pero no, ella no podía dejarlo ahí, tenían que seguir removiendo la caja, una caja llenita de cristales, chinchetas, agujas y todo objeto que pinche. Sí, y además pinchan que te cagas. Cada punzada es un trocito de corazón hecho pedazos.

─¡Ves! Así aprenderás a hacer caso a tu familia. Nosotros somos los que te queremos. A los demás no les importas. Alison, tienes que madurar hija.

─¿Madurar? Pues quizá yo tenga que madurar, pero tú debes aprender a ser más compasiva y no joder a tu propia hija.

─¿Qué yo qué? ─Me dice con los ojos abiertos como platos. Pero me giro y no la contesto, no quiero entrar en su mierda de discusión.

Pero vayamos al principio de la historia, a la primera vez que volví a casa de mis padres, olvidemos lo que hemos leído hasta ahora y vayamos un par de años atrás.

Cansada de no recibir respuesta por mi parte se marcha de la habitación, me tiro sobre la cama boca abajo y comienzo a llorar desconsoladamente, ahora sí, dejo paso al dolor, tiene que salir.

No tengo bastante con haber compartido mi vida con una persona a la que no le he importado nunca, ni jamás le importaré, porque a los hechos me remito, ni una llamada, ni un mensaje, nada, sino que tengo una madre que parece que se regocija en el dolor ajeno, no sé a veces me da la sensación que le nutre ver que fracaso, al igual que aun vampiro le nutre la sangre de su víctima.

¡Qué pena! Este es el cambio que quería Iris que diera. Y ahora me pregunto ¿Esta mujer quería hundirme en lo profundo del océano? Seguro, si esto es ayudar a tu paciente ¡Vamos que baje Dios y lo vea! En qué hora le he hecho caso a esta mujer. Miro mi móvil y sigo sin recibir nada, me muero por hacerlo yo, escribirle pero no debo ser fuerte, si no hace el más mínimo esfuerzo por contactar conmigo yo tampoco lo voy a hacer.
Siento un leve rayo de luz que hace que me despierte, miro el reloj y son las seis de la mañana, no sé en qué momento me quedé dormida, pero me percato que  ni siquiera me puse el pijama, sigo con la misma ropa con la que llegué a casa de mis padres. Vuelvo a coger el móvil no me he fijado si me ha escrito o llamado y nada mi gozo en un pozo. Podría estar media hora más en la cama, por lo menos en las horas de sueño no doy vueltas a la cabeza, pero no es la opción que elijo ya que tengo que ir a trabajar y aunque sea pronto debo salir en una hora de casa.

Me doy una ducha la cual me revitaliza un poco, tomo tranquilamente en la cocina mi café con leche mientras busco en el ordenador viviendas para alquilar, no quiero estar muchos más días en casa de mis padres, quiero seguir con mi independencia, aunque ello conlleve a perder por los pocos ahorros que tengo, pero tengo que dejarlo a medias porque ya es hora de ir a trabajar.

Mientras voy en el coche cansada ya de la caravana, no paro de dar vueltas y vueltas a mi cabeza y solo un tema en ella “Él” y mil preguntas volando a mi alrededor como pájaros ¿Por qué  no es capaz de escribirme? Se ha conectado y nada ni un mísero mensaje, por mi parte ya no diferencio si tengo pena y rabia o dolor no sé ni lo que siento, lo único que tengo claro es que quiero pedirle mil explicaciones que no sé si me darán las respuestas que necesito. Por fin, cuándo quiero darme cuenta estoy aparcando, hice los 74 km y pasé y la hora de caravana casi sin enterarme.

Entro en la oficina intentando disimular las sensaciones que hay en mi interior, pero en cuanto cojo la primera llamada y mi amiga Lily me escucha ya esta preguntándome, sabe que algo me pasa.

─Alison ¿Te encuentras bien? ¿Quieres que vayamos a por un café?

─No, no estoy bien ─ mis ojos comienzan a humedecerse

─¡Venga vamos! ─Dice Lily mientras me quita el ratón de la mano y me pone
 en descanso en el teléfono virtual.

Una vez en la sala de descanso mientras ella saca los cafés yo me siento en una de esas mesas altas que tenemos para comer e intento concentrarme para que las lágrimas no broten ya que cada vez tengo más ganas de romper a llorar.

─Cuéntame, que te ha hecho esta vez ─me dice Lily al traer los cafés.

─¿Cómo sabes que ha sido él?

─¡Vamos Alison! Llevo tres años trabajando contigo y todo este tiempo ha sido igual, lo que no entiendo es que haces con un hombre así, deberías dejarlo ya, no te hace ningún bien ¿No te das cuenta de lo infeliz que eres?

Lo cierto es que mi amiga tiene razón llevamos muchos años así y no me ayuda en nada esta situación, es la segunda vez que vivimos juntos y al final cada uno coge su camino. ¿Y por qué me empeño en seguir con esto? ¡Ay Dios! Soy más tonta.

Después de un rato de charla, y al mirar el reloj nos damos cuenta de que o volvemos a nuestro puesto de trabajo o nos quedaremos sin descanso a media mañana. Intento llevar el resto de la mañana como puedo, eso sí, no dejo de mirar el móvil por si acaso, cosa que me recrimino a mí misma, porque ya sé cómo es y también sé que hasta que yo no dé el paso no voy a tener noticias suyas, pero me mata por dentro.

Así pasa el día hasta que dan las dos de la tarde y toca salir de trabajar, para mí ¡Lo peor! Volver a casa y enfrentarme otra vez a mi madre y a sus acusaciones y no solo eso, sino que mente dejará de estar distraída y volveré a darle vueltas a todo, pero yo puedo, debo enfrentarme a eso, aunque en el fondo me siento tan débil que escribo a una de mis amigas y tomar algo para ver si así me siento algo mejor.

Y de este modo lento, muy lento pasa la semana, cuando quiero darme cuenta estamos a jueves y llevo toda la semana sin encontrar un alquiler decente, sin noticias de él, atrapada en casa de mis padres y con la gente cansada de escuchar siempre los mismos problemas. Aunque cara a todos soy la chica fuerte, que esta vez lo tiene claro, pero mentira y gorda porque esta mañana he realizado la primera llamada, no lo ha cogido pero sé que lo hará tarde o temprano cogerá el teléfono y volveremos a estar en el mismo punto de siempre.

¡Y eso que se supone que este era mi nuevo comienzo!





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©TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS ♥ El Rincón de Xulita Minny | 5 de enero 2015